sábado, 23 de junio de 2012

Carne


Personas, personas de huesos, músculos, y carne, personas comunes y corrientes, sin mayor diferencia entre sus componentes esenciales, finalmente, todos iguales, estructuralmente iguales, sensibles al dolor, a las sensaciones, sujetos que experimentan a través de su cuerpo, se retuercen en el dolor, o que se desbordan abrazados a las vibrantes sensaciones de placer o la alegría. El vehículo de las emociones, el cuerpo, el medio por el cuál estas se desnudan y fluyen. Y la carne, a la que muchos culpan por sus hostiles debilidades, por sus deslices desenfrenados, y osadías inpensadas...la carne, la débil y frágil carne.  Presa de los vigilantes ojos de bestias descomunales, bestias hambrientas, torpes, de sangre fría, que sólo piensan en darle caza a su presa; algo así como chacales, animales brutos, que no escatiman en una estrategia para atacar, sino que simplemente cumplen con el instinto de saciar su hambruna. Y canibales, que no ven en sus pares más que juegos de caza y sed de sangre fresca, sólo, por el simple placer de sentir extinguir la vida de otro entre sus mentirosas manos, para luego desaparecer cada vestigio de humanidad que pueda quedar de un cuerpo inherte.