Personas, personas de
huesos, músculos, y carne, personas comunes y corrientes, sin mayor diferencia
entre sus componentes esenciales, finalmente, todos iguales, estructuralmente
iguales, sensibles al dolor, a las sensaciones, sujetos que experimentan a
través de su cuerpo, se retuercen en el dolor, o que se desbordan abrazados a
las vibrantes sensaciones de placer o la alegría. El vehículo de las emociones,
el cuerpo, el medio por el cuál estas se desnudan y fluyen. Y la carne, a la
que muchos culpan por sus hostiles debilidades, por sus deslices desenfrenados,
y osadías inpensadas...la carne, la débil y frágil carne. Presa de los vigilantes ojos de bestias
descomunales, bestias hambrientas, torpes, de sangre fría, que sólo piensan en
darle caza a su presa; algo así como chacales, animales brutos, que no
escatiman en una estrategia para atacar, sino que simplemente cumplen con el
instinto de saciar su hambruna. Y canibales, que no ven en sus pares más que
juegos de caza y sed de sangre fresca, sólo, por el simple placer de sentir
extinguir la vida de otro entre sus mentirosas manos, para luego desaparecer
cada vestigio de humanidad que pueda quedar de un cuerpo inherte.
sábado, 23 de junio de 2012
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